day dreams

extintores

Hoy he soñado con Martín Rivas, y con House, y aunque parezca mentira, ha sido una pesadilla bastante horrible.

La cosa iba de un bebé; yo era Martín, al bebé le estaban inyectando cosas que le estaban matando, y después le inyectaban el antídoto, unos tíos, nos tenían encerrados bajo la superficie, al bebé, a mi, y a mas gente.

Yo me rebelaba contra ellos, y cogía al bebé para liberarle, pero ya le habían inyectado el veneno, y necesitaba el antídoto.

Con el miedo en el cuerpo, conseguía salir con el bebé del sitio en el que nos tenían encerrados, y a la puerta había un coche naranja de estética retro-futurista, que tenia el volante a la derecha, aunque su conductor original (que era un tío con el pelo rizado y barba de guarro) estaba sentado a la izquierda, entonces yo, que soy un chico fuerte vestido de uniforme, me deshago de él, sin demasiada violencia, y emprendo una huida, sin dirección (de momento), por una carretera que es como una ciudad de mentira, con ondulaciones del grave calculadas, que me hacen das botes en el coche, que anda tan despacio como el metro ligero.

A todo esto el bebé se está muriendo (y yo soy consciente de ello) sin hacer un solo ruido, el niño agonizante, silencioso como un ninja; y me persiguen, y yo con el carricoche, a esa velocidad insignificante, que le aporta una batería eléctrica, a esos coches que van por un raíl en el parque de atracciones.

Aun con todo, logro escapar, y llego a un hospital, con alturas alternas, no se si me explico, el que haya estado conmigo en el hotel Domo en Roma, me entenderá, la casa de Lalo también sirve como ejemplo, allí, en una de esas alturas intermedias, esta House, vestido de americana, vaqueros y camiseta (como en las fotos de las primeras promos) sentado sobre una silla también naranja, retro-futurista, como la de la casa de los burgueses en la naranja mecánica, pero esta abierta, como un fonendoscopio de juguete gigante, sobre ella da vueltas y sonríe con crueldad.

El niño, al que por cierto llevo en brazos desde que le he sacado de la incubadora al principio, que va desnudo y enrollado en una especie de trapo de limpiar blanco, de algodón con un estampado de nudos pequeñitos, tiene la piel de su rollizo brazo, de ese color morado amarillento, del que se me ponen las manos cuando me muero de frío, el pequeño retoño en cuestión, esta a punto de respirar por ultima vez, así que corro por los pasillos de ese extraño hospital, esquivando los enormes extintores rojos que sobresalen un metro de la pared, y no llego a ningún sitio, no avanzo nada en absoluto, solo sé que estoy corriendo porque la mantita del niño ondea al viento como la bandera de Colón, a todo esto House está detrás de mi, avanzando hacia nosotros profiriendo ruidosas y maquiavélicas carcajadas.

Finalmente House llega hasta mi, yo me convierto en una imagen de bits, con las piernas abiertas, en posición de correr (como Mario, pero largas y finas), el niño se vaporiza y comienza a sonar una música en midi, que va obteniendo matices hasta alcanzar la polifonía, y se oye una voz muy dulce que canta a ritmo de folk “Nacho, vas siempre tan borracho”.

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  1. Gatchet, te iba a pedir que me hicieras un twiter para escribir los sueños, pero mirando éste, creo q no van a caber

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